Conducción a vela


¿Ahorro de combustible? La conducción a vela es ahora una de las técnicas más de moda, pero…¿es verdaderamente efectiva? ¿Cómo funciona en realidad la conducción a vela y por qué no todos los coches pueden contar con ella?

Hace ya tiempo que la industria automovilística, y con ella los conductores, hemos fijado la atención en numerosas técnicas para ahorrar unas valiosas décimas en el consumo medio de nuestros coches, décimas que, a final de mes, se transforman en aún más valiosos euros en nuestro bolsillo.

¿Qué es el modo de conducción a vela?

Se conoce a la conducción a vela como la conducción que se realiza cuando el motor y la transmisión están desacoplados de los ejes motrices del vehículo, es decir, cuando rodamos simplemente “por inercia”, sin que el motor esté generando energía para mover las ruedas y sin que la transmisión que lleva esa energía a los ejes motrices esté acoplada de ninguna manera.

El modo de conducción a vela se ha puesto de moda en los últimos años al demostrar su efectividad: pese a que la única forma de gastar un cero absoluto en combustible cuando el coche está en movimiento es, en teoría, no acelerar cuando el vehículo y el motor ya está girando, el movimiento por inercia promete un ahorro muy interesante sobre todo a altas velocidades.

La conducción por inercia existe desde hace años, pero no ha sido hasta ahora cuando los fabricantes lo han implementado en sus vehículos gracias a diversos avances técnicos, popularizando esta manera de mejorar la eficiencia de sus coches, eliminando numerosas pérdidas por fricción que frenarían nuestro coche y, por tanto, eliminando parte de su empuje.

¿Cómo funciona el modo de conducción a vela? ¿En qué vehículos lo podemos encontrar?

El modo de conducción a vela, o modo de conducción por inercia, está disponible, al menos hasta la fecha, en vehículos equipados exclusivamente con cambios automáticos. Es, por tanto, una característica diferenciadora de vehículos que equipan un cambio sin embrague, aunque, evidentemente, se puede conseguir lo mismo con un cambio manual.

Los sistemas de conducción a vela como tal llegaron al mercado hace apenas un puñado de años, aunque es cierto que ya había algunos vehículos, con ventas minoritarias y sistemas prácticamente experimentales, que conseguían el mismo efecto. Uno de ellos es, por ejemplo, el Volkswagen Lupo 3L, lanzado al mercado en 1999.

Sin embargo, no ha sido hasta la llegada de la última generación de transmisiones automáticas -bien sean de doble embrague o bien mediante convertidor de par- cuando este sistema se ha popularizado de forma definitiva. El funcionamiento, al menos teóricamente, es relativamente sencillo: cuando el conductor levanta el pie del acelerador y no toca ningún pedal la transmisión se desacopla del motor, dejando éste al ralentí sin ningún tipo de arrastre -ni por tanto pérdida- debido a la fricción y el rozamiento más allá de la propia resistencia aerodinámica y el rozamiento de los neumáticos.

Una centralita controla en todo momento que la velocidad no sea excesiva, que el vehículo no gane velocidad de forma demasiado rápida o que no se realice una maniobra de emergencia, momento en el que, en centésimas de segundo, vuelve a acoplar la transmisión al motor, engranando también la marcha correspondiente.

Los sistemas de conducción a vela como tal llegaron al mercado hace apenas un puñado de años, aunque es cierto que ya había algunos vehículos, con ventas minoritarias y sistemas prácticamente experimentales, que conseguían el mismo efecto. Uno de ellos es, por ejemplo, el Volkswagen Lupo 3L, lanzado al mercado en 1999.

Sin embargo, no ha sido hasta la llegada de la última generación de transmisiones automáticas -bien sean de doble embrague o bien mediante convertidor de par- cuando este sistema se ha popularizado de forma definitiva. El funcionamiento, al menos teóricamente, es relativamente sencillo: cuando el conductor levanta el pie del acelerador y no toca ningún pedal la transmisión se desacopla del motor, dejando éste al ralentí sin ningún tipo de arrastre -ni por tanto pérdida- debido a la fricción y el rozamiento más allá de la propia resistencia aerodinámica y el rozamiento de los neumáticos.

Una centralita controla en todo momento que la velocidad no sea excesiva, que el vehículo no gane velocidad de forma demasiado rápida o que no se realice una maniobra de emergencia, momento en el que, en centésimas de segundo, vuelve a acoplar la transmisión al motor, engranando también la marcha correspondiente.

Este sistema de avance por inercia ha evolucionado también gracias a las nuevas arquitecturas eléctricas de 48V, tanto que algunos vehículos equipan elementos eléctricos muy potentes que permiten avanzar a vela con el motor de combustión apagado, eliminando por tanto el consumo de carburante.

Pese a su implantación masiva, los sistemas de conducción a vela no registran una tasa de averías relevante, aunque es cierto que, debido a los constantes acoples y desacoples de la transmisión algunos componentes están reforzados, siendo recomendable realizar puntualmente el mantenimiento de la transmisión según especifica el fabricante.

FUENTE:   https://www.diariomotor.com/