Al volante mejor la formación que la experiencia


Al volante mejor la formación que la experiencia

La conducción se puede valorar desde tres puntos de vista. El técnico, el normativo y el sociológico. Los conductores más dotados y hábiles desde el punto de vista técnico suelen infravalorar el cumplimiento de las normas. Por su parte, los que cuentan con menos destrezas suelen poner menos acento en la habilidad y dar más importancia al cumplimiento de las normas. Por lo que podríamos concluir que un buen conductor es una mezcla  de esos tres perfiles

Conductor con las manos al volante
Si valoramos la conducción desde el punto vista exclusivamente técnico nos encontramos con que un buen conductor debe coordinar una serie de gestos con manos y pies, así como aplicar técnicas muy concretas que  permitan disponer del control total del vehículo en cada momento.

Si tenemos en cuenta esa misma conducción desde el punto de vista normativo, el buen conductor tendrá que observar y cumplir todas las normas de ordenación del tráfico que afectan al vehículo y a su circulación por las diferentes vías.

Por último, también podemos valorar la conducción desde un punto de vista sociológico, de convivencia, en la que nuestras acciones y omisiones deben basarse en unos comportamientos éticos intachables y responder a los de un buen ciudadano.

Es posible que nuestra conducción se ajuste a uno de esos tres modelos y demos por sentado que si tenemos una técnica impecable, cumplimos las normas o somos prudentes y solidarios, aunque no sea las tres cosas a la vez ya es suficiente como para disponer de un grado de seguridad óptimo.

Los conductores más dotados y hábiles desde el punto de vista técnico suelen infravalorar el cumplimiento de las normas. Por su parte, los que cuentan con menos destrezas suelen poner menos acento en la habilidad y dar más importancia al cumplimiento de las normas. Pues bien, un buen conductor no es uno sólo de esos perfiles. Se puede ser un absoluto malabarista a la hora de pasar por un paso estrecho o aparcar en siempre a la primera, incluso se pueden hacer auténticas exhibiciones de “derrapaje” controlado y a la vez ser un completo cero a la izquierda a la hora de circular por una carretera o una ciudad con alta densidad de tráfico.

Muchos conductores enarbolan la experiencia como argumento para demostrar sus dotes al volante, cuando en realidad nunca se han molestado en aprender de manera proactiva alguna técnica de conducción. La experiencia tiene sin duda importancia, pero ¡ojo! no siempre es un factor positivo. Pasarse seis, ocho o incluso doce horas al día tras un volante nos proporciona una especial sensibilidad a la hora de interpretar determinadas situaciones, pero tiene el inconveniente que reduce la conducción, en la mayoría de los casos, a una sucesión de gestos repetitivos que provocan una acomodación psicológica.

El elevado número de horas al volante hace difícil mantener la atención, disminuye la capacidad de concentración y nos vuelve menos exigentes con las más elementales normas de convivencia en materia de tráfico.

Así, los intermitentes se usan menos de lo imprescindible, los semáforos se pasan recién puestos en rojo o las señales de “Stop” se transforman por arte de magia en señales de “Ceda el Paso” y algunas prohibiciones pasan a ser “sugerencias”. Eso en lo que se refiere a las conductas más graves, pero también afecta a otras aparentemente más inocentes pero igualmente perniciosas, como cambiar de carril constantemente, aparcar sistemáticamente en doble fila o circular “avasallando” cuando tenemos prisa y “estorbando” cuando queremos “hacer tiempo”.

Ese tipo de conductas se acaban convirtiendo en costumbres que anulan por completo la validez de la experiencia como paradigma de la buena conducción. Si nuestro aprendizaje ha sido malo o hemos ido relajando nuestras costumbres con el tiempo, las “costumbres” habrá que calificarlas como “vicios”.

 

El paso del tiempo no hace sino arraigar en nuestra actitud esos vicios que pasan a formar parte de nuestros actos reflejos cotidianos y acabamos adoptándolos como algo normal e incluso adecuado.

Quienes hacemos muchos kilómetros a diario vemos constantemente como muchos conductores realizan maniobras incorrectas. En algunos cosas con una intencionalidad manifiesta, pero en la gran mayoría de los casos con absoluta inconsciencia y carentes de cualquier signo de mala fe.

Sencillamente, han olvidado como efectuarlas correctamente o nunca nadie se ha molestado en indicarles la manera más eficaz, segura y correcta de realizarlas. Tengamos claro que la experiencia es un factor positivo, solo si viene acompañado de una formación completa, correcta, y más o menos continua a lo largo de nuestra vida de conductores. En caso contrario, creednos, sirve de muy poco.

Por eso desde la Autoescuela Aneto, queremos que seáis los conductores con la mejor formación posible, estamos seguros que obteniendo cualquier carnet con nuestra autoescuela, seréis mejores conductores.

Teenager learning to drive